Tristeza otoñal: ¿Por qué nos deprimimos?

mujer que llora sobre el cristal empapado de lluvia

El otoño llega, se apuran las luces del día. Llueve, está nublado, va haciendo frío. La luz se vuelve grisácea, escasa; la noche llega temprano.

Llegan las hojas en el suelo, los charcos, los abrigos, lo resfriados… y la tristeza otoñal.

El final de octubre suela marcar el inicio del frío y la temporada de lluvias.

Y con él, el número de personas con sensación de pesadez y melancolía, aumenta como en ninguna otra época del año.

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Ciclos naturales, desconexión artificial

El otoño es la época naturalmente orquestada para aprovisionarnos, construir un buen refugio, cálido y calentito, y disponernos a pasar el invierno en el interior.

Los ritmos de la Naturaleza se ralentizan, caen las hojas de los árboles, duermen los brotes en el interior de las ramas, las flores y la hierba bajo la tierra.

Y nosotras, personas humanas, con el ritmo de vida actual cada vez más alejado de los ritmos naturales, pretendemos continuar con nuestra productividad imparable.

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La industria farmacéutica nos ofrece un arsenal de complejos vitamínicos, complementos energéticos, medicamentos para paliar los efectos de los resfriados y otras enfermedades asociadas con el cambio de estación. Con un único objetivo: NO PARAR.

No parar de producir, de ser eficaces, de ser efectivas, de consumir y de ofrecer, cada día, sin descanso, el cien por cien de nuestra productividad…

Y, de alguna manera, hemos de detenernos, para no colapsar.

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La utilidad de la tristeza

Cada emoción tiene su razón de ser.

Estar tristes nos sirve, entre otras cosas, para ayudarnos a parar.

En nuestra desconexión con los ritmos naturales, que orgánicamente los llaman al recogimiento y descanso en la época otoñal, el cuerpo necesita usar otros mecanismos para cubrir sus necesidades, y no colapsar el sistema.

El cuerpo nos pide detenernos, bajar el ritmo, a base de resfriados, gripes, dolor de garganta, y otros síntomas físicos y anímicos asociados al cambio de estación.

Cuando no escuchamos nuestro ritmo, el ritmo natural y orgánico, conectado con los ciclos del entorno natural que nos rodea; el cuerpo se enferma y la mente se agota.

Es agotador para la mente luchar por mantener un ritmo que no es orgánico.

Y de ese agotamiento, también,  puede devenir la depresión.

 

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La puerta a lo profundo

Descansar, bajar el ritmo, parar más dentro de casa, reducir el tiempo de socialización al aire libre; nos hace estar más predispuestas a mirarnos hacia adentro.

Es un momento de revisión, de introspección, de mirada interna.

En ese estado, que muchos podemos confundir con tristeza o melancolía, no es en absoluto perjudicial para nuestra salud. Más bien, todo lo contrario.

Las células del cerebro necesitan también un tiempo de reposo, y de “repaso”, para ser capaces de incorporar todo lo experimentado, y mantener la capacidad de seguir aprendiendo.

La melancolía otoñal es un estado de quietud e introspección, que ayuda a la integración de lo experimentado en épocas de mayor actividad y experiencia; como el final de la época estival y la adaptación a la rutina en septiembre.

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La tristeza nos habla también de aspectos de nosotras mismas, o de nuestra vida, que no nos hacen bien.

Es momento, tal vez, de sentarnos a escuchar qué mensaje nos trae, qué nos tiene que decir, y poner nuestra energía y nuestra consciencia en lograr transformarlo.

El otoño es un tiempo de cambio, una época para parar y analizar, para recolectar y prepararnos para la profundidad del invierno, que llega a acompañar la maduración de los planes de transformación y cambio.

Como un ciclo, también en nuestro estado de ánimo, cada estación propicia un aspecto  importante, que debe ser atendido e integrado para mantener, en nuestro cuerpo y en nuestra mente, la salud.maple-leaves-1030957_960_720

A veces, en esa introspección que propicia esta época del año, encontramos dificultades que no somos capaces de superar. Puede ser el momento entonces, de buscar el apoyo de profesionales que pueden ayudarnos a manejar estos aspectos, y lograr así una buena resolución que nos permita continuar habitando, cada ciclo, con paz y bienestar.

 

No le teman a su tristeza. Quédense en casa, preparen un té, arrópense en su sillón preferido; si tienen ocasión.

Escuchen, junto al rumor de la lluvia, lo que su corazón tiene que contarles. Será mucho más hermoso, y más fácil, continuar después caminando juntos.

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Ana Martínez Acosta
Psicóloga. Terapeuta Corporal Integrativa.

 

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